¿Qué buscan las aplicaciones empresariales?

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Cómo una aplicación móvil de comunicación interna en una empresa puede mejorar el negocio radicalmente.

Aun recuerdo cuando en la empresa se informaba todo mediante memorandos internos. Llegaba jadeante el “patinador” que era el mensajero de la empresa y nos entregaba un sobre con nuestro nombre y con cara de consternación nos decía, “mire ahí le manda el jefe”.

Creo que este tipo de mensajería interna tuvo claramente sus orígenes en el colegio, cuando nos pasábamos papelitos, con contenidos comprometedores, entre los compañeros, sin que nos pillara el profesor o la monja de turno.

Ya enfrentando la realidad y la vida profesional, cuando llegaban a nuestras manos “los papelitos”, la reacción no era de risas nerviosas y alegría porque adivinábamos las bromas que dirían esos papeles. Esta vez tendríamos que sentarnos en nuestro escritorio y armarnos de un café fuerte para afrontar la dura realidad: un llamado de atención por haber llegado tarde luego de aquel trancón monumental; más trabajo para el fin de semana con puente en el que tenías programado esa salida con tus amigos desde hace meses; reunión a última hora de la tarde justo hoy viernes que tu hijo tiene la presentación en el colegio; corte de personal, etc. Porque jamás son buenas noticias, ya que para felicitarte no podemos acabar con los bosques del planeta.

Un día el “patinador”, que verdaderamente sufría a la par con nosotros, desapareció de la planta de personal, como muchos otros, y fue reemplazado por un fax, máquina cuya vida útil también fue corta. Ahora el “boom” de la tecnología empresarial es sembrar el terror con nuestros propios elementos personales, pero en un sentido amplio es todo lo contrario.

Para nadie es un secreto que los teléfonos inteligentes se han convertido en parte de nuestra vida diaria. Es más fácil deshacernos de un cónyuge que de nuestro teléfono inteligente. Sin él estamos perdidos en este mundo, en nuestro teléfono tenemos apuntada absolutamente toda nuestra vida y sin él estamos completamente al desamparo de la existencia. Está bien, lo admito, es una exageración, pero me acerco peligrosamente a la realidad.

En el ámbito profesional, nuestros teléfonos dejaron de ser un elemento distractor y se convirtieron en una herramienta esencial para facilitar nuestro trabajo, sea de la naturaleza que éste sea. Quizás el viejo adagio de “si no puedes contra el enemigo únete a él” realmente funcionó y los empleadores cansados de prohibir el uso del teléfono en horarios laborales, para uso personal, sin éxito, decidieron aprovecharlo para darle un mejor uso.

La mejor forma de facilitar un programa específico es una aplicación, y es de lo que se valen actualmente las empresas para interactuar con sus empleados, comunicarse internamente, ahorrar recursos, tiempo y optimizar los objetivos. La ventaja es que ya no solamente la comunicación terrorífica va en un solo sentido, es decir, ya se acabaron esos tiempos en que sólo el jefe podía mandarte a freír espárragos y tú agachabas sumisamente la cabeza.

Con el advenimiento del Estado de Bienestar y toda la parafernalia de los derechos humanos de tercera y cuarta generación, según la OIT, ya no estamos tan desamparados, ahora los trabajadores también tenemos el sagrado derecho a ser escuchados, y las aplicaciones o apps de comunicación interna son mecanismos interactivos que propician esa interacción bipartita que propicia y facilita las relaciones humanas que tanta falta le hacen a la sociedad actual.

Este tipo de aplicaciones no solamente ahorran valiosos recursos y dinero, también ahorran tiempo y optimizan objetivos, pero lo más importante es que facilitan la comunicación en tiempo real con todo el elemento humano de la empresa, no solamente con los superiores.

Anteriormente había un engorroso procedimiento administrativo que había que agotar para que tu superior jerárquico escuchara tus descargos ante la queja, querella, o falta que te habían endilgado, y eso implicaba días de abatimiento, zozobra, angustia, depresión y obviamente bajo rendimiento en el trabajo.

La interacción en tiempo real te permite, sin faltar al escalafón o al respeto jerárquico, poder interpelar de forma interactiva y en tiempo real, la excusa a que haya lugar, conforme al reglamento interno de la empresa, ello implica menos bajas, menos estrés laboral y mayor o al menos igual productividad en el rendimiento. Son ventajas de la modernidad.

Realmente lo que busca la empresa hoy en día es quitarse esa imagen de dictador omnipotente e inalcanzable cuya cabeza era un Dios al que se le rendía pleitesía sin osar siquiera a revirar sus sagradas y atinadas palabras. La sociedad ha cambiado radicalmente y la población laboral se compone hoy por hoy de gente joven <<milenials>> cuya educación escolar no incluyó “la urbanidad de Carreño”. Ese práctico y útil manual que nos enseñaba a honrar a nuestros mayores y obviamente a nuestros superiores jerárquicos.

La gente joven, no considera una falta de respeto tratar de “tú a tú” a un superior o a un mayor y en realidad es que la gente joven tiene una inteligencia y una experiencia que nos sorprende cada vez más y que les da la pauta para hablar a la par con cualquiera. Por tanto, las empresas deben ir a la vanguardia de este pensamiento y buscar una conciliación con su población laboral mayoritariamente joven.

Los empresarios ya no buscan sembrar el terror sino promover la interactividad, el intercambio de ideas para el crecimiento bipartita. Buscan que el trabajador se sienta parte importante de la empresa para promover la fidelidad, lealtad y por qué no decirlo, una cierta relación de familiaridad hacia la empresa que justifique la inversión que la empresa hace en sus trabajadores.

Ésta es una filosofía alemana que busca incentivar a sus trabajadores de distintas formas para que tanto la empresa como el trabajador crezcan y generen productividad en la economía. Las aplicaciones de comunicación interna empresarial buscan como fin último justamente aplicar esta filosofía, lo cual es un gran avance en Amércia Latina.

La idea ahora es que, como buenos colombianos, no abusemos de las buenas iniciativas e inventos que facilitan nuestras vidas y no los usemos para rememorar nuestras épocas de colegio, usando las aplicaciones de comunicación interna empresarial para enviarnos mensajitos personales o videos y memes graciosos y los que ahora están de moda, los subidos de tono. Bueno, al menos esos pueden pasarlos los filtros de seguridad de las altas jerarquías, pero si nos llegan a pillar con un meme burlándonos de nuestros jefes no quiero imaginar la falta disciplinaria que de seguro ya puedes descargar en cinco minutos en tu celular en la misma aplicación, ¡es una falta con sanción automática!

Wayta Jarawi Hikaru Masumi
B. Lucia M. Erazo Torres
Pluma de poeta 

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